La Antorcha

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Juventud Internacionalista

El día después

Podemos confirmar a día de hoy que la crisis capitalista ha entrado en un nuevo capítulo de su historia cuyo arranque ha sido la presente pandemia mundial. Pero no nos podemos engañar aquellos que venimos siguiendo el desarrollo de la economía. La realidad de esta es que los índices productivos en el contexto de guerra comercial nos evidenciaban el inicio de una nueva recesión económica. La industria china se veía debilitada en su competición con la economía estadounidense. En Europa la industria alemana también evidenciaba un gran debilitamiento, principalmente en su industria automóvil. Las estadísticas están ahí, no son invento nuestro.

Esta nueva tendencia en la economía, ya debilitada de por sí debido a la última crisis de 2008, empujaba a las burguesías nacionales a apuntar a nuevas campañas de ataque contra las condiciones de vida de la clase trabajadora. Desde Brasil a Francia, pasando por España, se apuntaba hacia las pensiones como nuevo objetivo a dinamitar.

Es por ello que decimos que el coronavirus no ha sido el desencadenante de la recesión, sino su catalizador, dado que la nueva recesión económica ya se venía anunciando con anterioridad. El hecho desencadenante de dicha recesión ha sido la pandemia, aunque no el único. El enfrentamiento en el seno de la OPEP entre Rusia y Arabia Saudí que se saldó con una significativa bajada del precio del petróleo supuso una drástica alteración en el mercado del oro negro. Pero la verdad es que no podemos afirmar con total certeza todas las consecuencias económicas de esta crisis, cuando aún continúan las bolsas cerrando en sesiones de perdidas históricas, pero si tenemos claro que estamos ante una gran crisis económica del tamaño de la de 2008 o incluso peor.

El capitalismo demuestra su inhumanidad, cuando tras haber recortado la sanidad obliga a los empleados de esta a tener que elegir entre quien se puede tratar y quien no. Nuevamente el sistema capitalista vuelve a amontonar a las víctimas de su incompetencia genocida. Las políticas que fueron y son criminales, demuestran la decadencia de un sistema que nos coloca en esa dicotomía que ya nos enunció Rosa Luxemburgo, “socialismo o barbarie”. Es la barbarie gobernante la que decreta que los trabajadores, mercancía del capital explotador, sigan trabajando en sectores no esenciales para acabar con la enfermedad que los contagia, enferma e incluso mata desde sus centros de trabajo, a ellos y a sus familias, como ha ocurrido hasta hace unos días. El sistema nuevamente demuestra no prometer nada a la humanidad salvo guerra, crisis y su fatal gestión de toda catástrofe.

No contentos con ello, inician campañas mediáticas de unidad con el Estado llamando a la lealtad con el gobierno y justificando la represión policial contra acciones individuales que en nada son comparables en gravedad a mandar a los trabajadores en masa a sus centros de trabajo. Los internacionalistas debemos denunciar esta estrategia como una forma de encubrimiento de las responsabilidades criminales de la burguesía en la actual crisis: la unidad con la clase dominante es el camino más rápido al sometimiento de la clase trabajadora a intereses ajenos.

Igualmente denunciable es la falsa solidaridad tanto de grandes empresas como de Estados, en concreto China, que no ocultan más que una estrategia de reforzamiento de sus posiciones en el tablero mundial. Como integrantes de la clase dominante, y por tanto culpables de la actual situación, la burguesía china bajo el manto de su filantropía oculta un movimiento cuya única intención es recibir una parte del pastel que genere nuestra propia explotación. Pero mientras nos llaman a aplaudir y agradecer el fariseísmo de una generosidad manchada con la sangre de nuestra clase, surge una pregunta clara: ¿qué sentido tiene dar las gracias a quien, culpable del problema, pretende hipócritamente solucionarlo después? Nuestra posición es clara: ¡no queremos las migajas ni la caridad burguesa!

Pero si bien nos debemos centrar en el presente de los acontecimientos, también debemos intentar dibujar un boceto de los acontecimientos venideros para poder así diseñar una acción adaptada a ellos. Tenemos claro que los acontecimientos presentes no pasarán sin repercusión futura, sobre todo cuando ya se despiertan respuestas contra los gobiernos criminales en forma de destacadas huelgas, como podemos ver en Italia.

Aun en estado de alarma y bajo el confinamiento que obliga a parte de la población a estar en casa, el miedo comienza a tornarse en ira en numerosas personas y entre muchos trabajadores que han visto nuevamente como son la carne y el sudor de un sistema explotador dirigido por una clase parasitaria y asesina. La gestión de esta crisis ha supuesto una masacre. La gestión de la recesión que seguirá supondrá el sacrificio de los medios de vida de los trabajadores en el altar de los beneficios del capital.

¿Pero si vemos ahora como crecen las huelgas por todo el mundo, aún bajo la amenaza de la pandemia y con medidas de confinamiento, como reaccionará la clase trabajadora cuando dichas circunstancias no estén presentes?

El futuro no lo podemos predecir con exactitud, pero si podemos ver como se levantan huelgas en todo el mundo, esto nos indica que se puede ir construyendo una consciencia internacional entre muchos trabajadores que se van dando cuenta de que no todo vale y que el capitalismo criminal va a velar en primer lugar por sus beneficios en lugar de la salud de los trabajadores, los cuales son una mercancía bajo este sistema.

También es de destacar la solidaridad de muchos jóvenes en estos días, cuando ancianos y gente dependiente no pueden salir a la calle y necesitan asistencia. La ayuda y el apoyo a nuestros vecinos necesitados es de importancia clave cuando la solidaridad reclama protagonismo social. Pero esta solidaridad vecinal se debe extender al día siguiente al confinamiento. Es más, debemos proponernos organizarnos con decisión en nuestros barrios, cuando la recesión es evidente que hace estragos y los seguirá haciendo pasada la crisis sanitaria.

También es clave que los internacionalistas nos unamos a las huelgas y movilizaciones de la clase trabajadora, participando con unas claras reivindicaciones que siempre antepongan las necesidades humanas a los beneficios del capital. La lucha debe ser decidida ante las intenciones de que las pérdidas del capital sean sufragadas mediante el ataque a las condiciones de vida de los trabajadores.

El día después será decisivo. El estado capitalista buscará prorrogar su estado de control y excepción impuesto con el fin de evitar un incremento de los conflictos sociales. Pero nosotros también estamos dispuestos a actuar contra el sistema uniéndonos a nuestros hermanos trabajadores. El único horizonte del capitalismo es la decadencia de un sistema explotador que debe ser superado. Nuestro horizonte en cambio es el de la emancipación de los trabajadores.

¡Proletarios de todos los países, uníos, suprimid ejércitos, policías, producción de guerra, fronteras, trabajo asalariado!