La Antorcha

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Juventud Internacionalista

El feminismo es de clase… pero no de la nuestra

Este 8 de marzo los distintos colectivos feministas han decidido presentar un frente unido y aparcar la polémica interna sobre la defensa de la prostitución o el género, pues han considerado que «estas son cuestiones paralelas que no se interponen en la importancia y la fuerza del movimiento feminista».

Es cierto que no se interponen, precisamente porque el feminismo juega a una calculada ambigüedad en la que todo vale bajo la excusa de luchar por la liberación de la mujer.

Así, por muy reaccionaria que sea una proclama feminista (reformismo, defensa de la prostitución, gestación subrogada…), se convierte en un dogma incuestionable cuya crítica se hace socialmente intolerable; pues no ser feminista, dicen, equivale a oponerse a la igualdad entre hombres y mujeres.

Pero lo cierto es que la defensa de la igualdad entre hombres y mujeres no es lo que define a todas estas corrientes, lo único común a todas ellas es el considerar que las mujeres tienen intereses propios, y por lo tanto diferenciados de sus compañeros varones (incluso, eventualmente, contradictorios).

Enfrentar de esta forma a hombres y mujeres obedece a unos intereses muy concretos, y no son los de los trabajadores.

El feminismo de clase (burguesa)

Hay quienes sostienen que el feminismo defiende los intereses de las mujeres independientemente de su clase social, pero lo cierto es que la propia cuestión de la mujer ha adquirido históricamente diferentes formas en función de la clase social.

Para las mujeres de la gran burguesía, que tenían garantizado su sustento y podían desarrollar sin trabas su propia individualidad, la única de sus reivindicaciones era la libertad de gestionar su patrimonio. Sus demandas eran la completa emancipación de la propiedad privada.

La pequeña burguesía, en la medida en que el capitalismo progresaba, se enfrentaba cada vez a una competencia más salvaje contra el gran capital, y las mujeres pequeñoburguesas necesitaban conquistar la libre competencia entre el hombre y la mujer. De hecho esta demanda es la principal fuente de oposición de los hombres de las clases explotadoras contra las demandas de las feministas.

En el proletariado, la incorporación de la mujer al trabajo asalariado no suscitaba entre los hombres rechazo ante una mayor competencia; todo lo contrario, ello no tardó en tornarse una necesidad para la supervivencia de las familias. Pero aunque la mujer proletaria había conquistado su independencia económica, ni como ser humano ni como mujer tenía la oportunidad de desarrollar plenamente su individualidad.

La mujer liberada del hombre cae, sin embargo, en la sociedad de hoy, en dependencia de los capitalistas, transformándose de una esclava doméstica en una esclava asalariada.

Clara Zetkin. «La cuestión del trabajo y la mujer en la actualidad» (1889)

Era el capitalismo el único culpable de que la conquista del trabajo para las mujeres tuviese consecuencias indeseables. Jornadas extenuantes, salarios de miseria… ¿a quiénes benefician sino a los capitalistas?

Por ello la lucha por la liberación de la mujer proletaria no puede ser una lucha similar a la que desarrolla la mujer burguesa contra el hombre de su clase; por el contrario, la suya es una lucha junto al hombre de su clase contra la clase capitalista. La mujer proletaria no necesita luchar contra el hombre de su clase para derribar las barreras que este ha levantado contra la libre competencia. (…) Por el contrario, deben levantarse nuevas barreras contra la explotación de la mujer proletaria (…). El objetivo final de su lucha no es la libre competencia con el hombre, sino la conquista del poder político por parte del proletariado (…).

Por supuesto, apoya también las reivindicaciones del movimiento de mujeres burgués. Pero la consecución de estas reivindicaciones sólo representa para ella un medio para un fin: para que pueda entrar en la lucha al lado del proletario equipada con las mismas armas

Clara Zetkin. Discurso en la conferencia del SPD sobre Gotha (1896)

¿Una cuestión táctica?

«¡Nosotras podemos hacerlo!» – Comité de coordinación de producción de guerra de EEUU durante la segunda carnicería imperialista mundial.

Otros muchos son los argumentos que plantean los defensores del feminismo: que no se trata de un movimiento meramente reformista; que no se trata de un movimiento de carácter burgués; que es mejor defender un movimiento masivo que pueda aportar soluciones parciales pero inmediatas…

Es interesante ver cómo, el ejemplo paradigmático de conquista feminista, la consecución del voto para las mujeres, pone de manifiesto la realidad sobre estas cuestiones.

El feminismo tal y como lo conocemos hoy encuentra sus orígenes en el sufragismo.

Cuando el 4 de agosto de 1914 el gobierno británico declaró la guerra a Alemania, los principales grupos sufragistas abandonaron toda actividad política para entregarse ayudar al esfuerzo de la guerra. Concretamente, la WSPU (las famosas suffragettes: una de las principales organizaciones militantes que luchó por el sufragio femenino) pactó en secreto con el gobierno británico y logró la liberación de las suffragettes encarceladas a cambio de participar activamente en el reclutamiento para la guerra.

Después de recibir £2,000 (casi 300,000 euros actuales) del gobierno británico, la WSPU organizó manifestaciones en Londres bajo lemas como «We Demand the Right to Serve» (Exigimos el derecho a servir en el ejército) y «For Men Must Fight and Women Must Work» (Porque los hombres deben luchar y las mujeres deben trabajar) y cambiaron el nombre de su periódico de «El Sufragista» a «Britannia», bajo el eslogan: «Por el Rey, por la Patria, por la Libertad».

No es de extrañar que, para cuando la guerra tocaba a su fin, el rechazo social contra los movimientos sufragistas se hubiese paliado lo suficiente como para que el parlamento inglés otorgase el derecho a voto a las mujeres (1918); pero no a todas ellas: solo a aquellas con propiedades y mayores de 30 años.

Mientras las sufragistas reclutaban obreros para la carnicería imperialista, la Internacional Socialista de Mujeres celebraba en Berna un congreso contra la guerra (1915) en un momento de máxima represión por parte de todos los gobiernos, con Luxemburgo, Rühle y Liebknecht ya encarcelados.

Dos años más tarde, en el Imperio Ruso, las sucesivas derrotas en la guerra habían provocado una profunda crisis y la población sufría sus efectos, asolada por la hambruna.

Manifestación del día de la mujer proletaria el 8 de marzo de 1917 en Petrogrado que dio comienzo a la Revolución rusa.

El 8 de Marzo (23 de febrero en el calendario juliano), Día de la mujer, ninguna organización decidió llamar a huelga. Incluso la organización bolchevique más combativa de todas, el Comité de la barriada obrera de Viborg, aconsejó no convocarla.

Ese día, las mujeres de las fábricas textiles se declararon en huelga y las mujeres que hacían cola frente a las puertas de las panaderías marcharon en masa a la Duma municipal a exigir pan para sus hijos.

Los días siguientes, las huelgas se generalizaron por todo Petrogrado y la tensión fue en aumento. Las consignas, hasta el momento más discretas, se concretaron, y salieron a relucir en distintas partes de la ciudad, banderas rojas en las que podía leerse que los trabajadores querían pan, y no la guerra.

La espontánea iniciativa que corrió a cargo de la parte más oprimida y cohibida del proletariado, acababa de comenzar la revolución de febrero. Revolución que meses más tarde lograría, entre otras muchas cosas, la igualdad plena ante la ley entre hombres y mujeres, al mismo tiempo que las pragmáticas feministas conquistaban el voto para una minoría de mujeres privilegiadas.

[Las leyes] Pueden ser leídas de principio a fin sin revelar ningún rastro de las antiguas discriminaciones económicas, políticas y jurídicas entre los sexos. Se hace tabla rasa. Nada queda de la antigua esclavitud o los viejos tabúes. Esto en sí mismo, por supuesto, no es una solución completa de la «cuestión de la mujer». Ninguna ley puede aniquilar las costumbres y los prejuicios. Eso se debe dejar a otros procesos. Pero este código abre el camino. «Se establece», dice Hochberg, «absoluta igualdad de hombres y mujeres ante la ley». En la medida en que es posible liberar a las mujeres en el período de transición antes del establecimiento completo del socialismo, esta ley las libera y permite su más fácil aceptación de los principios del socialismo, que finalmente las liberará.

Prefacio al Código Familiar de 1918

El verdadero propósito del feminismo

El feminismo resulta de una utilidad política innegable en un país en el que la dirección del aparato político local del estado corre a cuenta de la pequeña burguesía, cuyo beneficio depende precisamente del grado de autonomía del que disponga para gestionar su parte del Estado.

En un contexto de estancamiento político de la burguesía española, el feminismo se convierte en una solución razonable para apaciguar a una pequeña burguesía turbulenta que, no solo en Cataluña, amenazaba con hacer pedazos el sueño de renovación de la clase dirigente.

Así, la burguesía encuentra la manera de acoplar de nuevo sus intereses con los de una parte de la pequeña burguesía, ofreciéndoles una salida profesional en el aparato del capitalismo de estado español: informes de impacto de género, cátedras, seminarios, técnicos de igualdad para los consejos de administración, grados y másteres de género… Por eso no es de extrañar que donde de verdad cala el feminismo es en la universidad: entre el profesorado y en una parte considerable del estudiantado, que es a quienes realmente pertenece el feminismo (la lucha pequeñoburguesa para hacerse un hueco en la burguesía corporativa).

Tenemos claro que el feminismo es de clase, no puede ser de otra forma, pero si creyésemos que tal clase es la nuestra tendríamos que preguntarnos cómo es posible que los intereses de la clase explotada se defiendan en los medios, desde el Estado, en la universidad… que desde el gobierno hasta la Reina Leticia se sumasen a las pasadas huelgas feministas.

Otros argumentarán que lo que ocurre es una clara apropiación del feminismo por parte de la clase explotadora, cuando esta realmente ha sido una ideología que siempre partió de círculos de las clases explotadoras, planteando una falsa igualdad mientras de la otra mano se aprobaba el sistema explotador.

Desmentido por reducción al absurdo, está claro que no son las clases explotadoras las que han empezado a defender nuestros intereses: es el feminismo, el que, desde el principio, está pensado para salvaguardar el orden actual, como cualquier otra expresión de la ideología dominante.

No puede haber un capitalismo igualitario igual que no puede haber un capitalismo ecológico; y el feminismo o el ecologismo son solo ideologías que instrumentalizan las necesidades humanas con el fin de afianzar el dominio de las clases explotadoras.

Conclusión

Como organización de jóvenes y estudiantes internacionalistas, evidenciamos la clara influencia que tiene el feminismo en el aparato universitario, ya que este es el difusor entre la juventud de las ideologías del Estado capitalista. Es por ello que nos vemos ante la necesidad de analizar y señalar una de las principales ideologías y que más relevancia tiene estos días, ya cercanos al 8 de Marzo, fecha secuestrada y arrancada al movimiento obrero para convertirlo en emblema del feminismo. Nosotros como jóvenes internacionalistas, ya seamos hombres o mujeres, entendemos que nuestra lucha por emanciparnos, la verdadera lucha por la igualdad, necesita de la abolición del capitalismo y con ello poner fin a la explotación y a las discriminaciones que se manifiestan en la sociedad de clases. Pero la lucha por nuestra liberación no pasa por reforzar y alimentar los identitarismos de la sociedad de clases, divisiones impuestas sobre nuestra especie.

Hoy como ayer, la única manera efectiva de acabar de una vez por todas con toda explotación y toda discriminación, ya sea por sexo, etnia, lengua o clase social, es luchar contra el capitalismo de Estado y sus ideologías, por la emancipación de la clase trabajadora y de la Humanidad.

¡Proletarios de todos los países, uníos, suprimid ejércitos, policías, producción de guerra, fronteras, trabajo asalariado!