La Antorcha

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Juventud Internacionalista

La Juventud Internacionalista y sus tareas presentes

La juventud en el presente. ¿Ante qué juventud nos encontramos y cuál es su relación con el trabajo?

Los jóvenes de la clase trabajadora se caracterizaron en el pasado por ser el eslabón más débil y precarizado de la clase trabajadora, pero también parte decidida de la organización proletaria en cuanto esta se vertebró. Socialmente los jóvenes se veían condenados a trabajos poco remunerados y precarios por patronos que aprovechaban su situación como aprendices. En la segunda mitad del siglo XX fue creciendo la integración de adolescentes y jóvenes en el sistema educativo. El objetivo claro era el de brindar educación básica y formación profesional para los futuros trabajadores, incluso llegando a integrarse algunos en la universidad.

En la actualidad la juventud de clase trabajadora no solo está precarizada sino que se ve cada vez más condenada al paro. Lo que ha llevado a no pocos de ellos a alargar su paso por el sistema educativo.

En Europa en general y en particular en los países del Sur como España, el desempleo juvenil ha venido incrementándose de forma constante. Con la recesión de este año, el desempleo juvenil medio de la UE se ha colocado en torno al 17%. En España ha superado el 40%. La expectativa es que ambas cifras sigan aumentando. Entre los que trabajan, una gran parte lo hace en puestos de trabajo precarios y temporales con salarios insuficientes para sostener una vida humanamente decente. Gran parte de los jóvenes y muchos adultos se ven obligados a vivir junto a padres y abuelos, un sostén vital que también se debilita conforme la pauperización avanza.

La Universidad, ¿cuestión de clase?

El analfabetismo ha sido erradicado en amplias partes del mundo para ceder su sitio a la ignorancia e inmoralidad individualista, producto de sistemas educativos que han priorizado formas y métodos que han dejado atrás a muchos jóvenes.

La «educación» privada sirvió para señalizar la pertenencia de clase, reforzar el valor de las «relaciones» y de herramienta a las confesiones religiosas para imponer su sello a la formación de niños y jóvenes.

Por su parte, la «educación» pública ha proporcionado conocimientos básicos a los hijos de la clase trabajadora. Pero se ha mostrado más eficiente en producir fracaso escolar que en aportar conocimientos amplios y ensanchar eso que llaman «cultura general».

Tanto la «educación» que está en manos de las iglesias y empresas, como la que está en manos del estado, ha primado la creación de ciudadanos ignorantes. En la llamada educación superior y universitaria, continuadora de esa educación media mutilada, se adiestra a los trabajadores del mañana por un lado, y se forma los cuadros burocráticos e ideológicos de las empresas y el estado por otro.

Desde la cátedra de Teología y Derecho de la Edad Media hasta la Universidad actual, producto de la sociedad burguesa, la Universidad ha sido históricamente la maquina generadora de los cuadros dirigentes e intelectuales de la clase dirigente. Pero no sólo: con el desarrollo del capitalismo de estado la Universidad fue convirtiéndose también en la incubadora de los cada vez más numerosos cuadros medios y administrativos, la pequeña burguesía corporativa. Es la Universidad de clases medias que se forma entre los años 20 y 70 y que «se abre» progresivamente -con la denostada «masificación»- a algunos hijos de la clase trabajadora. Hoy la realidad es que los jóvenes de clase trabajadora que estudian en la Universidad son una minoría.

No existe ningún futuro de progreso para la Humanidad que no pase por la desaparición de la Universidad y del estado del que forma parte. Pero mientras adiestre también futuros trabajadores será un espacio en el que deberemos estar para agruparlos y enfrentar con el conjunto de la juventud trabajadora, la ideología con la que se les adoctrina.

Los objetivos de las juventudes internacionalistas en el presente

En el pasado los principales objetivos de los jóvenes internacionalistas fueron dos, el antimilitarismo -y con ello el anacionalismo, como señalaría Liebknecht-, y la organización instructiva y cultural de los jóvenes. En el momento actual, nuestros frentes principales son:

  1. debemos incidir en organizarnos contra el nacionalismo, defendiendo el principio internacionalista y organizándonos como jóvenes trabajadores de forma políticamente independiente, y
  2. crear espacios de difusión y creación cultural propios, desde dentro y para la propia clase trabajadora de forma independiente al estado.
  3. En los centros de trabajo no podemos dejar que la juventud precarizada sea separada del resto de la clase por su situación como subcontratados o temporales. En los barrios no podemos dejar que la atomización y el desempleo los anulen y separen de la lucha en las empresas. Por eso tenemos que crear núcleos en barrios y empresas que sirvan de referencia y centro de agrupamiento para que los jóvenes trabajadores puedan afirmar y encontrar sus intereses como parte de nuestra clase, fuera de los sindicatos y las instituciones, organizaciones y espacios que buscan subordinar a los trabajadores a las dinámicas de una sociedad donde solo son una mercancía más.
¡Proletarios de todos los países, uníos, suprimid ejércitos, policías, producción de guerra, fronteras, trabajo asalariado!