La Antorcha

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Juventud Internacionalista

Manifiesto de La Antorcha

Nuestras propuestas y organización, la razón que nos empuja a unirnos en búsqueda de unos objetivos bajo una moral humana y un horizonte de emancipación, nacen de la respuesta que les debemos dar a las condiciones actuales que se nos imponen bajo un sistema de decadencia y crisis que nos demuestra más que nunca la sangrante realidad de aquella tajante sentencia que afirmó Rosa Luxemburgo, socialismo o barbarie. Pero nuestra lucha no es la del falso socialismo de unos partidos que los conforman los privilegiados del hoy contra los intereses de los trabajadores, ni el socialismo de unos regímenes que mantienen y acentúan la explotación del hombre por el hombre bajo un Estado de represión. Nuestra lucha y por lo que nos organizamos ya hace un año es por continuar la tan necesaria llamada la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos.”

Análisis de la situación internacional de los jóvenes trabajadores y estudiantes

El capitalismo, como modo de producción sustentado en la explotación asalariada, presupone desde sus orígenes la existencia de mercados exteriores donde vender la producción que por definición no puede ser absorbida por los propios trabajadores. Esto, en la fase ascendente y revolucionaria del modo de producción burgués, fue el combustible que impulsó la generalización de la mercantilización desde las aventuras coloniales hasta la extensión a todos los rincones de la tierra del salariato. Sin embargo, el siglo XX, o más concretamente la primera guerra imperialista mundial, suponen el fin de toda forma de expansión efectiva del capitalismo debido a que, de hecho, este ya se ha expandido por todo el mundo. Este momento será el pistoletazo de salida a la fase decadente del capitalismo y su punto de no retorno: el imperialismo.

Desde entonces hasta hoy el capitalismo se encuentra en una crisis perpetua, tan solo interrumpida por las guerras en las que las fuerzas productivas, trabajadores incluidos, son mandados a la trituradora de forma masiva para que, sobre los escombros y los cadáveres, el capital pueda a volver a expandirse sobre sus propias cenizas. Es en este punto donde la humanidad se encuentra, y que a jóvenes trabajadores y estudiantes-trabajadores les va a tocar sufrir junto al resto de su clase.

Pruebas de ello las vemos en nuestra vida cotidiana, e incluso en los propios estudios realizados por los medios burgueses. Recientemente un estudio publicado por Eurostat pone a España a la cabeza del ranking en paro juvenil situándonos en un 41.7% de paro tras la primera ola de la pandemia de COVID-19. Sin embargo la situación de los trabajadores no es mucho mejor en otros países del mismo entorno donde la precarización está a la orden del día entre los trabajadores en general, y concretamente entre los jóvenes, vendida bajo la forma de flexibilidad laboral o los famosos minijobs.

Los datos no mejoran si nos vamos al otro lado del Atlántico donde, en Argentina por ejemplo el 45% de los asalariados son trabajadores ultra precarizados, o en general 6 de cada 10 jóvenes solamente encuentran trabajos dentro de la llamada economía informal. No hablemos ya de cómo ha llegado a afectar el confinamiento durante la primera oleada pandémica en dichos países, donde la alimentación infantil depende fundamentalmente de los comedores escolares y en los que la cesta básica no es mucho más barata que en España.

El cuadro general es el del descenso en las condiciones de vida de los trabajadores, empezando por los más jóvenes y acabando por la ofensiva generalizada a los sistemas de pensiones, que cuando no nos mata a nosotros o a los nuestros directamente nos manda a una existencia empedrada de dolor que en muchos casos acaba en el suicidio. El sistema antihumano que nos condena a la precarización y la miseria es el mismo que se encuentra detrás de las epidemias de suicidios que en la India mata a un jóven por hora  o que en Corea es de hecho la primera causa de muerte entre adolescentes.

Frente a esto los jóvenes de clase trabajadora, estudiantes o no, tenemos dos opciones: sucumbir a la inmovilidad (o lo que es lo mismo, caer en las redes de los movimientos de una pequeña burguesía universitaria delirante debido a su inevitable proletarización) u organizarnos de forma independiente para defender nuestros intereses.

Si elegimos la primera opción el camino que nos espera es la espiral de los sacrificios, sean en forma de sacrificios por la nación, por la democracia o incluso… por el medioambiente. Un camino cuya última parada es la hoguera universal, la crisis, el paro y la miseria. La segunda opción, por el contrario, supone la afirmación de la unidad con el resto de nuestra clase, sea cual sea su edad, su sexo, su nación o su lengua. La afirmación de un futuro y unos intereses comunes que ya en el presente sobrepasan las fronteras y las suprimen virtualmente.

Partiendo del análisis de la sociedad reafirmamos nuestros principios, Internacionalismo y Lucha de clases

Muchos de los que se han acercado a nuestra organización, han venido con dudas ante la incógnita de cuáles son nuestras posiciones o principios. Es por ello que nuevamente reivindicamos los dos pilares decididos de nuestra organización: el internacionalismo y la lucha de clases. Fuera de estos principios entendemos que una organización no puede serle verdaderamente útil a los intereses que debemos perseguir, los de la clase trabajadora. Pero estos principios no surgen de idealismos flotantes, sino más bien de la constatación de la realidad social y material del mundo en el que estamos.

Somos internacionalistas porque entendemos que nuestras sociedades se dividen en dos grandes campos, el de las clases explotadoras y el de la clase trabajadora, división social causada por la evolución histórica en la que se ha constatado la sangrante herida de una humanidad en la que unos explotan a otros, mediante las instituciones que asientan la división en clases sociales. Es por ello que entendemos que nuestra lucha es una lucha internacional por organizar a los trabajadores con el claro horizonte de constituir una sociedad mundial de productores libres e iguales. Esta lucha debe tener como objetivo inmediato la articulación de una clase trabajadora organizada por los intereses de nuestra clase, que no dejan de ser la satisfacción de las necesidades universales de todos los seres humanos, el interés de conquistar el bienestar y la abundancia. Es así que desde su origen hasta sus objetivos, entendemos que el internacionalismo es un principio  innegable para la organización de los trabajadores, y al mismo tiempo un principio irreconciliable con las ideologías que buscan dividir a la clase trabajadora ya sea en patriotismos o en los diversos identitarismos. No podemos entender el internacionalismo si no es desde el apatriotismo y el centralismo por el que entendemos que la clase trabajadora es y debe organizarse como una realidad y no como un conglomerado de identidades, producto de las divisiones de la humanidad, a las que debemos poner fin en vez de reforzar. Hoy como ayer reconocemos que la organización de los trabajadores no debe de conocer de divisiones ya sean de raza, de sexo o de lengua.

Pero también entendemos que si bien nuestras sociedades se caracterizan por la división de clases, también ha sido una constante histórica la lucha entre esas clases que tenían unos intereses contradictorios, dada la explotación de unas sobre otras. Es por ello que nosotros también entendemos que nuestra sociedad actual también está regida por intereses contradictorios, el del beneficio y la explotación por un lado, enfrentado a la lucha por el bienestar y la abundancia por otro. De estas mismas contradicciones entendemos que los segundos intereses deben vencer a los primeros, en esa lucha emancipadora de los trabajadores que debe protagonizar el presente hasta que la senda hacia el socialismo sea irrevocable. De estas conclusiones entendemos que la lucha de clases también debe posicionarse como un principio clave de nuestra organización.

La Antorcha como organización de clase en su primer año

Hace apenas un año, en el mes de octubre, un pequeño grupo de jóvenes decidimos plantear las bases de una organización de jóvenes trabajadores y estudiantes que plantara con claridad y decisión los principios que remarcamos. Los principios decididos de la emancipación de los trabajadores y por tanto de toda la Humanidad, que al fin plantee un orden social que verdaderamente se merezca. Es con ese objetivo de contribuir en la gran tarea de nuestro tiempo que decidimos organizarnos.

Ante el ambiente ideológico que rodea a tantos jóvenes, desde el nacionalismo al identitarismo, veíamos de imperiosa necesidad organizar esta alternativa de clase, en confrontación con estas ideologías que se promueven desde el Estado y sus ramas intelectuales. Ideologías que nos entienden como la mercancía que sólo puede verse explotada y dominada por la clase dominante, ya sea de uno u otro color.

Son muchos los grupos que se dicen de izquierdas, marxistas, anarquistas o de clase, que desde el ámbito estudiantil aparentan ser una alternativa social o que dicen contribuir a esta. Pero a nosotros no nos engañan. Desde sindicatos estudiantiles a juventudes de partidos, todos están subordinados a movimientos que rechazan el internacionalismo y la lucha de clases para la emancipación de los trabajadores. Estos movimientos ideológica y socialmente pequeñoburgueses o tienen como ejemplo los regímenes de capitalismo de Estado que sin disimulo alguno mantenían a las masas trabajadoras en la esclavitud explotadora, o aspiran a ser la izquierda de la sociedad capitalista que solo nos puede ofrecer precariedad, miseria y guerra.

Nuestra lucha no es la de estos grupos que aspiran a ser la nueva clase dominante, ya sea con estrella roja o con lazo morado. Nuestra lucha, como creemos haber dejado claro en nuestro primer año de existencia, es por la crítica de la sociedad actual y por organizar a los jóvenes en un claro posicionamiento internacionalista y revolucionario. 

En un año conseguimos plantear un núcleo decidido que incluso ha participado en diferentes movilizaciones y acciones, como en las protestas contra las casas de apuestas en nuestros barrios y en la reivindicación de medidas sanitarias ante la vuelta al cole en pandemia. Estas son de las primeras de las muchas acciones que La Antorcha tiene como objetivo hacer, si bien debido a la actual situación pandémica nuestras actividades se han visto limitadas y, en parte, pospuestas.

Los dos pilares de la organización independiente de los trabajadores que debemos defender: cooperación y resistencia

Sabiendo todo lo dicho en los anteriores puntos, hacemos un llamamiento a la cooperación y a la resistencia sobre todo en estos momentos donde vemos claramente que la organización de los trabajadores de manera externa al Estado es clave para poner soluciones a las situaciones de muchas familias que ni siquiera pueden tener un hogar o de comer por el hecho de añadir gastos como son las mascarillas, las cuales no están al alcance de todos. Si somos conscientes de lo que nos rodea, debemos cerciorarnos de que la manera de mejorar esta situación tan precaria no es por votos o por firmas, sino con cooperación. 

La cooperación, entendida como organización autónoma de los trabajadores para la producción organizada de forma igualitaria y el apoyo mutuo, es uno de los pilares básicos de la lucha de la clase trabajadora ya desde tiempos de la Segunda Internacional, cuando Partidos Socialistas de todos los países se esmeraban en construir todo un tejido de protección que abarcara desde los cuidados más básicos hasta las Casas del Pueblo, organizaciones culturales y educación en general. Es así como se puede entender la gran actividad de la clase trabajadora por aquel entonces y su capacidad de respuesta a las ofensivas burguesas. Sin embargo, es evidente a día de hoy que todo el tejido cooperativo y de apoyo mutuo de los trabajadores está ausente, lo cual en plena pandemia no nos puede llevar más que a darnos cuenta de su importancia y de la necesidad de trabajar por reconstruir urgentemente desde nuestros barrios y nuestras posibilidades dicha capacidad de cooperación si de verdad queremos resistir como clase y vencer.

Resistir y vencer son las dos líneas sobre las que se levanta la vida de clase. La primera corresponde a su aspecto comunitario, la segunda a su aspecto comunista. Sin resistencia (espontánea por naturaleza) nada nos salvaría de cada empujón de la crisis, quedaríamos completamente indefensos y nada impediría que nosotros, nuestros amigos cercanos, nuestras familias o nuestros vecinos cayéramos en una situación completamente vulnerable frente a la clase explotadora. Es a este aspecto al que pertenece la cooperación y toda su perspectiva de futuro.

Como comunistas somos perfectamente conscientes de las limitaciones del aspecto comunitario de nuestra clase, pero debe servirnos no solamente para reafirmarnos en aquello que hace de nuestra clase una clase revolucionaria y encontrar en ella las raíces de la moral comunista, sino también para construir junto con nuestros compañeros de clase lo que debe ser, en el futuro, el partido de clase, la consciencia que permitirá profundizar en las luchas que vienen y, finalmente, vencer.

Porque solamente venciendo, en nuestro país y más allá de sus fronteras, en nuestro barrio, en nuestro trabajo o fuera de nuestra ciudad, es como podremos liberar a nuestra clase y a nosotros mismos del futuro que nos prepara la clase burguesa con sus privilegios. Y esta victoria solo se puede construir desde dentro de nuestra propia clase empezando por el cooperativismo y acabando por la militancia comunista, sin concesiones ni a sindicatos ni a partidos que aseguran que sin beneficio para el capital no hay bienestar posible o que venden nuevas utopías burguesas bajo banderas republicanas y patrióticas. Por eso desde La Antorcha, junto con el resto de Emancipación y compañeros internacionalistas y maximalistas, hacemos nuestra la que creemos debe ser la consigna que guíe los objetivos de la lucha de los trabajadores cuya liberación, como se dijo en el pasado, solo puede ser obra de ellos mismos:

¡Proletarios de todos los países, uníos, suprimid ejércitos, policías, producción de guerra, fronteras, trabajo asalariado!

¡Proletarios de todos los países, uníos, suprimid ejércitos, policías, producción de guerra, fronteras, trabajo asalariado!