La Antorcha

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Juventud Internacionalista

Origen de las juventudes internacionalistas

Es conocida la importancia que tuvieron los jóvenes trabajadores en el movimiento obrero, sin embargo su papel ha sido muy diferente a lo largo de los años y ha estado rodeado de discusiones fundamentales para las organizaciones internacionalistas. Discusiones cuyo contenido aun hoy merece la pena recordar y examinar, no solo por su valor para las nuevas generaciones de trabajadores, sino para el conjunto de la clase trabajadora.

El origen de las primeras organizaciones juveniles

Vº Congreso de la IIª Internacional. París, 1900.

A pesar de que la primera organización juvenil fueron las Jóvenes Guardias Socialistas de Bélgica, fundadas en 1886, seguida en algunos otros paises como Francia u Holanda, la II Internacional no abordó por primera vez el problema hasta su V Congreso, en 1900, cuando militantes clave como Clara Zetkin, Karl Liebknecht y Volkaert (promotor de la Internacional de Jóvenes Socialistas) impulsan la resolución que, siguiendo el ejemplo de las primeras organizaciones juveniles, será el verdadero punto de partida para la generalización de las mismas:

Los diferentes partidos socialistas se encargarán de promover la educación y la organización de la juventud para luchar contra el militarismo

Se puede observar claramente la influencia que tiene el auge del militarismo propio del inicio de la fase decadente del capitalismo (que culminará con la Primera Guerra Mundial) en los propósitos originales de estas primeras organizaciones juveniles. Estas fueron pensadas como un instrumento de difusión de los valores internacionalistas y antiimperialistas entre la juventud trabajadora. Buena parte de ellas además incorporaron otro elemento: la educación y la cultura. En un esfuerzo análogo al realizado en las Casas del Pueblo, las organizaciones juveniles se dedicaron a difundir no solamente conocimientos de carácter político y revolucionario, sino conocimientos generales de todo tipo: desde literatura y arte a conocimientos técnicos. Para ello se fundaron orfeones, orquestas, bibliotecas populares, etc. Cabe destacar además la labor propagandística que se hizo en favor de los Partidos socialistas desde las organizaciones juveniles.

Llegados a este punto es posible que el lector se sorprenda de que los jóvenes socialistas no tuviesen ninguna vocación sindical o, dicho de otro modo, que no encarasen de forma decidida la posible problemática económica específicamente juvenil. Aunque a decir verdad, sí que hubo algunas secciones en países como Austria que se centraron en este aspecto, por lo general esta actividad se dejó de lado en favor de lo específicamente antimilitarista y educativo-cultural.

Volviendo al comienzo de este artículo encontramos la respuesta a esta aparente sorpresa: el centralismo. Las organizaciones juveniles en ningún momento se plantearon como un destacamento separado del resto de la clase, del mismo modo que tampoco se hizo con la cuestión femenina. La acción de los jóvenes trabajadores es inseparable de la del resto de los obreros y por tanto toda su problemática se puede y se debe abordar desde el propio Partido. Entonces, ¿por qué crear en un primer lugar las organizaciones juveniles?

El Imperialismo y el juvenalismo

Columna de Wandervogel

A principios del siglo XX el capital se estaba quedando ya sin mercados y comenzaba su fase descendente y reaccionaria: el imperialismo. Durante la escalada que finalmente desencadenó la primera guerra imperialista comenzaron a exacerbarse las tendencias militaristas de los diferentes países. Este militarismo creciente afectaba de forma especial a los más jóvenes, puesto que amenazaba con iniciar campañas de reclutamiento que encontrarían en las nuevas generaciones de trabajadores la carne de cañón que la burguesía necesitaba. Junto a esta ofensiva belicista la ideología dominante desarrolló un nuevo producto basado en un nacionalismo difuso y pequeñoburgués que aun en nuestros días encuentra su propio eco: el juvenalismo. Esta forma ideológica aborda la realidad con una propuesta muy similar al feminismo. Para el juvenalismo los jóvenes, una suerte de sujeto político independiente de clases sociales, no estarían contaminados por los intereses egoístas del conjunto de la sociedad y podrían liberar a la humanidad por su cuenta de la situación crítica que comenzaba a ceñirse sobre el mundo entero. Este movimiento, que encuentra su núcleo original en la pequeña burguesía desencantada, empieza a tener un fuerte arraigo en paises como Alemania. Allí se fundará el primer núcleo de los Wandervogel que recuperan un discurso romántico contra la artificialidad de la vida urbana y exaltan la vuelta a la naturaleza con trazas anticapitalistas y abiertamente reaccionarias. Estas organizaciones desarmadas pero con características paramilitares, similares a los boy scouts, terminarán por desarrollar un discurso esencialista, paganizante y nacionalista que los llevará a integrarse en las Juventudes Hitlerianas cuando en 1933 las organizaciones juveniles independientes son prohibidas.

Los Wandervogel son tan solo un ejemplo de todo un movimiento ideológico que comenzaba a tener mucho arraigo en la juventud de diferentes países y que condujo en todos los casos al desarrollo del totalitarismo desde Alemania hasta Palestina. En pocas palabras, el juvenalismo era un producto ideológico auxiliar al auge del imperialismo y del nacionalismo que trataría de arrastrar a los jóvenes trabajadores a la guerra y a la matanza imperialista. Una forma más de colaboración de clase que negaba los intereses propios de los trabajadores y los desarmaba frente a la ofensiva militarista.

El verdadero papel de la juventud internacionalista

Como vemos, eran muchos los flancos por los que la ideología burguesa trataba de arrinconar a la juventud trabajadora. Y es precisamente esta la razón de ser de las organizaciones juveniles de la II Internacional. El trabajo de las juventudes socialistas cobra aun más sentido en el contexto del esfuerzo generalizado del socialismo para organizar en todos los aspectos de la vida política y económica a los trabajadores, desde las Casas del Pueblo hasta las cooperativas, mientras ponía como objetivo principal combatir la presión ideológica de la burguesía contra los trabajadores jóvenes, principalmente contra el militarismo y el nacionalismo que lo sostenía.

Desde la perspectiva histórica, no podemos entender estas juventudes como un sindicato juvenil, ni siquiera como un destacamento aparte dentro del propio movimiento obrero, sino como una forma de defensa de la independencia de clase y de resistencia frente a la ideología burguesa que amenazaba con empujar hacia el patriotismo a muchos jóvenes trabajadores que históricamente se situaban ante la perspectiva de una guerra imperialista inminente.

Aunque es cierto que fueron bastantes las voces en contra de las organizaciones juveniles dentro de la socialdemocracia, estas deben ser entendidas como las resistencias de bastantes sectores, tanto sindicales como burocráticos en general, a algo que veían como una amenazante radicalidad de los que finalmente, en el caso español, se convirtieron en los “terceristas” que acabarán fundando el que la burocracia socialista denominaba despectivamente el partido de los 100 niños, o sea, el Partido Comunista en España. No obstante, los jóvenes de la II Internacional lo tenían claro: afirmar la necesidad de organizaciones con autonomía interna para librar la batalla contra la ideología burguesa no está reñido de ninguna manera con el centralismo, es decir, con la forma que tiene la clase trabajadora de plasmar la universalidad de sus intereses en su propia organización. Las juventudes socialistas fueron siempre un instrumento común a todo el movimiento obrero internacionalista que en todo momento caminó al lado del conjunto de la clase trabajadora.

Las juventudes internacionalistas ante la III Internacional

Es por la defensa del internacionalismo y de la tranformación de la guerra imperialista en revolución que la mayor parte de las organizaciones juveniles socialistas se desvinculan de la posición a apoyo a la guerra que toman la mayor parte de los partidos socialistas.

A partir de 1917, cuando la clase trabajadora toma el poder en Rusia, las juventudes socialistas que se habían opuesto a la guerra se unirían en los esfuerzos de crear una nueva Internacional que organizaría a la clase trabajadora en su esfuerzo revolucionario. De esta forma se renombrarían como Juventudes Comunistas a aquellas organizaciones de trabajadores jóvenes que se uniría a la nueva Internacional Comunista.

La cuestión de la juventud fue también tema clave para los Congresos de la Internacional, en los que se reconoce que tanto la guerra como la crisis económicamente había golpeado directamente a una juventud trabajadora que engrosaba los ejércitos en la matanza imperialista y en el trabajo habían sido sometidos a condiciones lamentables.

La organización Internacional de los Jóvenes Comunistas destacaron desde su inicio por unas claras posiciones internacionalistas, llamando contra la guerra, el patriotismo y las fronteras nacionales. La juventud comunista ejercería no solo un papel clave para la organización de los trabajadores jóvenes, sino que serían un elemento clave en la vertebración de organizaciones comunistas por toda Europa.

Pero con la no extensión de la revolución por Europa y la burocratización de una Internacional que pasaba a ser la embajada de la burocracia rusa, primero en línea con el zinovietismo y posteriormente con el stalinismo, las Juventudes Comunistas siguieron la tendencia de los Partidos Comunistas, secuestrados por camarillas burocráticas que desarmaron la organización de los trabajadores comunistas, si bien también debemos recordar a aquellos jóvenes que en oposición a la burocratización, contribuyeron a la organización de la Oposición Comunista y posteriormente de la IV Internacional.

¡Proletarios de todos los países, uníos, suprimid ejércitos, policías, producción de guerra, fronteras, trabajo asalariado!