La Antorcha

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Juventud Internacionalista

¿Vuelta a clase «segura»?

El desconfinamiento acelerado de abril fue la madre de la segunda ola que ahora despunta. Una vez más el gobierno puso por delante de las vidas de los trabajadores la recuperación de ingresos por las empresas. Pusimos el cuerpo por unos intereses que no eran los nuestros y como no podía ser de otra manera, lo que hemos obtenido es centenares de muertos que podían haberse evitado.

Ahora nos tratan de llevar a la reapertura de colegios y centros de estudio.

Cuando la mayor parte de las familias recurre a los abuelos diariamente para ayudarles en la crianza, reabrir colegios sin hacer diagnósticos diarios es una irresponsabilidad terrible. La famosa «vuelta al cole segura» es completamente insegura. De nada sirve medir la fiebre si no se hacen pruebas diarias y los niños siguen hacinados en clases de 30 y hasta 40 alumnos. El estado y los políticos lo saben: la propia presidenta de la Comunidad de Madrid declaraba sin vergüenza que «es probable que prácticamente todos los niños se contagien del virus».

Quieren mandar a los niños al colegio y a los jóvenes a institutos y universidades para arrastrar a sus padres al trabajo a bajo coste. Sindicatos de enseñanza y organizaciones estudiantiles participan felices de este despropósito. Cuando se ven muy presionados llaman a huelgas simbólicas demandando medidas simbólicas. Están en el mismo juego de todos: poner por delante lo que exige la rentabilidad a las vidas de los trabajadores.

Somos conscientes de que no son necesarias las mismas medidas de seguridad en todos los lugares. Pero también de que si no las imponemos, no habrá medidas reales en ningún lado.

En todos los lugares y hasta que la vacunación masiva sea una realidad tenemos que exigir diagnósticos regulares y frecuentes en todos los centros de trabajo. Y si el estado o las empresas se niegan, hacer huelga sin esperar a los sindicatos. En residencias, centros de enseñanza y otros servicios con comunidades de usuarios estables, los tests diagnósticos deben extenderse a alumnos, internos, etc. Además, no podemos dejar de exigir el acceso a la educación no presencial para todos los niños de todos los centros por igual, con pedagogías adecuadas y medios iguales asegurados para todos; y por supuesto la baja médica remunerada desde el primer día para todos los confinados.

Donde la incidencia haya crecido hasta amenazar con la transmisión comunitaria, no podemos convertirnos en víctimas y victimarios de nuestras propias familias y compañeros con tal de hacer rentables las empresas. Debemos imponer el cierre de actividades no esenciales cara al público y el cierre de escuelas y centros de enseñanza por nuestros propios medios: organizando asambleas con los compañeros de trabajo o estudios, con otros padres de alumnos, vecinos y compañeros.

Y allá donde se produzca transmisión comunitaria imponer el cierre de los centros de trabajo no esenciales sin esperar a los sindicatos. Es decir organizando huelgas con asambleas abiertas e invitando a unirse a ellas a los trabajadores de las empresas circundantes, polígono a polígono, barrio a barrio.

La Antorcha, Juventud Internacionalista.
Emancipación, Internacionalistas.

¡Proletarios de todos los países, uníos, suprimid ejércitos, policías, producción de guerra, fronteras, trabajo asalariado!